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varon aprobado por Dios

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Act 2:22 RV60  Varones israelitas,  oíd estas palabras:  Jesús nazareno,  varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas,  prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él,  como vosotros mismos sabéis; 

Todo siervo de Cristo, pienso yo, al llegar a un nuevo lugar o conocer gente por primera vez no perderá la oportunidad que se le presente de poder poner en conocimiento sus logros obtenidos, no como expresión de orgullo, sino para darle algún peso a su ministerio.

 

La Biblia dice acerca de Jesús que fue presentado, ante los judíos, como varón aprobado nada más ni nada menos que por Dios Padre mismo.

 Otra versión de la Biblia dice de este mismo pasaje: Act 2:22 BL95  Israelitas, escuchen mis palabras: Dios acreditó entre ustedes a Jesús de Nazaret.  

Todos conocemos el valor de las acreditaciones hoy en día para la comisión de cualquier labor. Estas tiene la habilidad de conferirnos la capacidad de personas autorizadas para tales fines.

 

Dios acreditó, aprobó, a Jesús en su ministerio y lo hizo de una manera muy especial, no con tarjetas o diplomas sino que demostró que Jesús estaba autorizado a decir lo que decía y hacer lo que hacía por la manifestación de “maravillas, prodigios y señales”

 Es decir, Dios Padre busco, por la manifestaciones sobrenaturales, causar la aprobación de Su Hijo en la función y misión para la cual había venido. Jesús mismo maneja este argumento al decir: Joh 10:37-38 RV60  Si no hago las obras de mi Padre,  no me creáis.  (38)  Mas si las hago,  aunque no me creáis a mí,  creed a las obras,  para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí,  y yo en el Padre. Las manifestaciones del poder de Dios, en cualquiera de sus formas, ha estado siempre presente en la vida de su fieles siervos. Un ejemplo de esto es Pablo. Él le escribía a los tesalonicenses y les decía: 1Th 1:5 RV60  pues nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente,  sino también en poder,   Lo mismo es cuando se refiere a Corinto: 1Co 2:4-5 RV60  y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría,  sino con demostración del Espíritu y de poder,  (5)  para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres,  sino en el poder de Dios. ¿Adónde quiero llegar?  

El Reino de Dios no consiste en palabras solamente. Todos podemos hablar , y aún exagerar, en cuanto a nuestros ministerios pero la realidad es que muchas veces esas palabras no tiene ningún valor porque a la hora de presentar las “acreditaciones” de nuestros ministerios solo podemos entregar papeles, diplomas (los cuales son muy importantes) o cualquier otra cosa menos el respaldo sobrenatural de la persona del Espíritu Santo confirmando aquello, que decimos nosotros mismos,  para lo que hemos sido llamados.

 Siempre han existido personas que hablan demasiado bien de si mismas. Esto lo vivió el apóstol Pablo, pero acerca de ello él dijo: 1Co 4:18-20 RV60  Mas algunos están envanecidos,  como si yo nunca hubiese de ir a vosotros.  (19)  Pero iré pronto a vosotros,  si el Señor quiere,  y conoceré,  no las palabras,  sino el poder de los que andan envanecidos.  (20)  Porque el reino de Dios no consiste en palabras,  sino en poder. Sé que hay mucho para decir a favor y en contra de este tema, no es mi intención hacerlo aquí,  pero si me interesa resaltar lo que Pablo dice:...el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder. Hoy he sido llamado a una nueva función en una nueva ciudad. Podría presentar como acreditación de mi ministerio las cosas pasadas pero clamo para que Dios demuestre que he sido realmente llamado a este lugar y a esta tarea por medio de la manifestación sobrenatural de su poder en la forma que Él elija. 2Co 3:1-2 BLS  No decimos todo esto para hablar bien de nosotros mismos. Tampoco necesitamos presentarles cartas que hablen bien de nosotros, ni les pedimos que ustedes las escriban para que se las presentemos a otros. Algunos sí las necesitan, pero nosotros no.  (2)  Todos pueden ver claramente el bien que Cristo ha hecho en la vida de ustedes. Para que la gente hable bien de nosotros, sólo tiene que fijarse en ustedes. Porque ustedes son como una carta que habla en nuestro favor.  

Pablo no necesitaba de cartas sino que las vidas transformadas por el poder del Espíritu Santo eran la mejor evidencia de la realidad de su apostolado.

Estimado hermano, te animo a que evites caer en la trampa del promocionar tu ministerio por medios humanos, sino que en la seguridad de tu llamado le permitas a Dios mostrarte al mundo como varón aprobado por medio de la manifestación de su poder.

Señor, tu me has llamado. Te ruego que des testimonio de esto por medio del respaldo de la obra del Espíritu Santo.
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