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Todos estamos destinados a la muerte

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No pierdas la perspectiva, nunca dejamos de ser simples mortales.

Dice la Biblia: Eze 31:10-14 NVI ” Por eso, así dice el SEÑOR omnipotente: ‘Por cuanto el árbol creció tan alto, y ufano de su altura irguió su copa hasta las nubes, (11) yo lo he desechado; lo he dejado en manos de un déspota invasor, para que lo trate según su maldad... (14) Y esto es para que ningún árbol que esté junto a las aguas vuelva a crecer tanto; para que ningún árbol, por bien regado que esté, vuelva a elevar su copa hasta las nubes. Todos están destinados a la muerte, a bajar a las regiones profundas de la tierra y quedarse entre los mortales que descienden a la fosa.

Las palabras iban dirigidas al Faraón rey de Egipto(v.2). Y en la advertencia por sus pensamientos altivos sobre si mismo se le habla de otro mayor que él, de uno que, figuradamente, "creció tan alto" que "irguió su copa hasta las nubes", pero cuyo fin fue el mismo que el de cualquier otro mortal. Como advertencia se le habló del desaparecido imperio asirio(v.3).

Sof 2:13-15 TLA Dios continuó diciendo: «Atacaré y destruiré a los asirios; ¡convertiré a Nínive, su ciudad capital, en un montón de ruinas! (14) La madera de sus casas quedará al descubierto, y allí descansarán ovejas y toda clase de animales. En las vigas y en las ventanas anidarán búhos y erizos, y sus puertas parecerán basureros. (15) »¡Así quedará esa ciudad orgullosa, que se sentía muy segura! ¡Así quedará la ciudad que se creía incomparable! Quedará hecha un montón de ruinas, un refugio de animales salvajes!...

Como a Faraón, como a otros reyes y emperadores del tiempo antiguo, hoy hay un mensaje para poderosos, influyentes, ricos, y el mensaje es este: no importa lo que creas ser, simplemente eres un mortal más y entendiendo esta perspectiva piensa en el único que verdaderamente está por encima de todos, y ese es Dios.

Dan 4:29-37 TLA Un año después, el rey andaba paseando por su palacio (30) y dijo: «¡Qué grande es Babilonia! ¡Yo fui quien la hizo grande y hermosa, para mostrar mi poder a todo el mundo!» (31) Todavía estaba hablando el rey, cuando se oyó una voz del cielo que le dijo: «Rey Nabucodonosor, a partir de este momento dejarás de ser rey. (32) No vivirás ya entre la gente, sino que vivirás siete años entre los animales. Comerás hierba del campo, como ellos, hasta que reconozcas que el Dios altísimo es el único rey de este mundo. Sólo Dios puede hacer rey a quien él quiere que sea rey». (33) Estas palabras se cumplieron inmediatamente, y el rey dejó de vivir entre la gente. Comía pasto, como los toros, y se bañaba con el rocío del cielo. Sus cabellos parecían plumas de águila, y sus uñas parecían garras de pájaro. (34) «Al cabo de los siete años, yo, Nabucodonosor, dejé de estar loco. Entonces levanté los ojos al cielo y le di gracias al Dios altísimo, que vive para siempre. Lo alabé y le dije: “Tu poder durará para siempre, y tu reino no tendrá fin. (35) Ante ti, nada podemos hacer los que vivimos en la tierra. Tú haces lo que quieres con los ejércitos del cielo y con los habitantes del mundo. Nadie puede oponerse a ti, ni hacerte ningún reclamo”. (36) Tan pronto como dije esto, sané de mi locura y recuperé la grandeza de mi reino. ¡Volví a ser el mismo de antes! Todos mis consejeros y jefes de mi reino vinieron a servirme, y llegué a ser más poderoso que antes. (37) Por eso alabo y adoro al Rey del cielo, pues todo lo que hace está bien hecho. Él es un Dios justo, que humilla a los que son orgullosos. Lo digo yo, el rey Nabucodonosor».

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