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La sociedad que tenemos, la Iglesia que no queremos

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Que estamos viviendo en sociedades competitivas no es noticia nueva. La rivalidad para alcanzar aún un mismo objetivo empaña todas las áreas del ser humano.

 

Hay aspectos de esta rivalidad que son saludables como la superación continua para "llegar antes". Este y otros son aspectos positivos pero están también aquellos de carácter negativo. Ya no se trata solo de superarme yo sino también en hacer caer al otro.

 

La ambición, el orgullo y un sin fin de otras obras muy humanas encuentran un campo precioso en la competitividad para dar sus frutos. Esto lo vemos en la sociedad pero lamentablemente también lo vemos dentro de la Iglesia.

 

El motivo de este artículo tiene que ver con lo perjudicial de la competencia entre los miembros de la Iglesia de Cristo y la necesidad de pasar de ella a la complementación.

 

Cuando Pablo habló de la Iglesia, y no estaba pensando solo en la local sino en la única e universal, la presentaba como un cuerpo. 1Co 12:12 RV60  Porque así como el cuerpo es uno,  y tiene muchos miembros,  pero todos los miembros del cuerpo,  siendo muchos,  son un solo cuerpo,  así también Cristo.

 

Cuerpo formado por muchos miembros pero indispensables cada uno de ellos para el buen funcionamiento del mismo.1Co 12:21 RV60  Ni el ojo puede decir a la mano:  No te necesito,  ni tampoco la cabeza a los pies:  No tengo necesidad de vosotros.

 

La indispensabilidad de cada miembro es indudable, y cada miembro recibe la función que el Espíritu quiere darle.

1Co 12:11 RV60  Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu,  repartiendo a cada uno en particular como él quiere.

 

Se que hasta aquí usted está de acuerdo conmigo pero permítame avanzar y contarle una historia:

Mar 9:38 BLS  Juan, uno de los doce discípulos, le dijo a Jesús:--Maestro, vimos a alguien que usaba tu nombre para sacar demonios de las personas. Pero nosotros le dijimos que no lo hiciera, porque él no es de nuestro grupo.

Mar 9:39 RV60  Pero Jesús dijo:  No se lo prohibáis;  porque ninguno hay que haga milagro en mi nombre,  que luego pueda decir mal de mí.

 

Jesús, sus discípulos y este hombre seguían un mismo fin: extender el Reino de Dios sobre la tierra. Todos querían lo mismo pero observe las palabras de Juan: "...le dijimos que no lo hiciera, porque él no es de nuestro grupo..."

¡Que miedo le tenemos a las cosas que no encajan en nuestras estructuras! Como no era de su grupo que no lo haga. Para alcanzar un mismo objetivo a veces gastamos más fuerzas en detener a los demás que en potenciarnos nosotros. Es cierto, hay muchos falsos hoy en día pero no por eso todos lo son. Dios nos ha dado discernimiento de espíritu y esto es necesario para no cometer nosotros el mismo error de rivalizar con aquellos a quien Dios también ha llamado.

Una vez más piense en las palabras de Juan y dígame si no pensaban ellos que eran los únicos que podían ser instrumentos en las manos del Padre. Sepa esto mi querido hermano, Dios le ha dado una posición dentro del cuerpo pero no es la única e autosuficiente.¿No es esa la enseñanza de Pablo?

1Co 12:17 RV60  Si todo el cuerpo fuese ojo,  ¿dónde estaría el oído?  Si todo fuese oído,  ¿dónde estaría el olfato?

 

Cuando la rivalidad gana el corazón de los hijos de Dios tal vez en sus logros personales usted tenga éxito pero el orgullo no le permite ver con una visión de Reino. Si, talvez usted tenga éxito pero a cuantos ha estorbado en sus ministerios. La obra de Dios no significa solamente su barrio, su ciudad o una región , es global y junto con usted Dios ha levantado a miles para que en un plan de complementación mutua el conocimiento de nuestro Señor y Salvador llegue a los oídos de todos sobre la faz del planeta.

 

Le decía que es necesario pasar de la competencia a complementarnos unos con otros. Porque Dios levante a alguien con un don diferente al mío, ¿no será del cuerpo? 1Co 12:15-16 RV60  Si dijere el pie:  Porque no soy mano,  no soy del cuerpo,  ¿por eso no será del cuerpo?  (16)  Y si dijere la oreja:  Porque no soy ojo,  no soy del cuerpo,  ¿por eso no será del cuerpo?

 

Competencia es rivalidad  pero complementación es aunar esfuerzos, añadir en lo que el otro no puede y viceversa. Dice el diccionario que por la complementación: se añade a otra para hacerla íntegra, perfecta, plena

 

Recién le conté sobra como la rivalidad detuvo la buena obra que alguien estaba haciendo para Dios, quiero contarle ahora como la complementación hace perfecta la voluntad del Padre sobre la tierra.

Joh 4:37-38 BLS  Es cierto lo que dice el refrán: "Uno es el que siembra y otro el que cosecha".  (38)  Yo los envío a cosechar lo que a ustedes no les costó ningún trabajo sembrar. Otros invitaron a toda esta gente a venir, y ustedes se han beneficiado del trabajo de ellos".

 

Una mujer había dado testimonio de Jesús y muchos venían ahora a verle. Los discípulos no hubieran podido evangelizar así porque había mucha rivalidad con ese pueblo, pero la mujer sí. Ella hizo su parte, los discípulos hicieron lo que ellos si podían hacer y el resultado: Joh 4:39 BLS  Mucha gente que vivía en ese pueblo de Samaria creyó en Jesús ...

 

No se a quienes llegarán estas palabras, sepa que me resistí a escribirlas. No esta en mi ponerme en este papel pero debía hacerlo.

Hoy hay mucha rivalidad, en las ciudades que he estado los que peor me trataron en un comienzo fueron los propios consiervos. No me quejo pero solo le digo que hay mucha rivalidad.

Yo conozco mis limitaciones y oro cada día para que Dios ponga a mi lado quienes añadan con sus dones para que trabajando en equipo veamos cumplida la voluntad de Dios sobre esta región.

No debería haber lugar a la rivalidad, la Iglesia no ha logrado el impacto que debería tener porque sus miembros están luchando pero cada uno cinchando para lugares diferentes.

 

 Dejemos de competir y empecemos a complementarnos ejerciendo cada uno el don que Dios le ha dado en una ayuda mutua, ¿no es eso lo que realmente Dios quiere?

Eph 4:15-16 RV60  sino que siguiendo la verdad en amor,  crezcamos en todo en aquel que es la cabeza,  esto es,  Cristo,  (16)  de quien todo el cuerpo,  bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente,  según la actividad propia de cada miembro,  recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.

 

Concluyo con el verso anterior. El crecimiento de la Iglesia única e universal de Cristo vendrá cuando cada miembro deje de rivalizar y en un espíritu de ayuda mutua(complementación) ejerzan los dones, múltiples, variados y diferentes, que el Espíritu les ha dado.

Observe el verso, por medio de la complementación le estamos dando lugar a aquello que si nos falta nos vuelve como metal que resuena, huecos , vacíos.

La complementación le abre las puertas al amor, sin el cual, como dice Pablo: 1Co 13:2-3 RV60  Y si tuviese profecía,  y entendiese todos los misterios y toda ciencia,  y si tuviese toda la fe,  de tal manera que trasladase los montes,  y no tengo amor,  nada soy.  (3)  Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres,  y si entregase mi cuerpo para ser quemado,  y no tengo amor,  de nada me sirve.

 

Eph 4:16 DHH  Y por Cristo el cuerpo entero se ajusta y se liga bien mediante la unión entre sí de todas sus partes; y cuando cada parte funciona bien, todo va creciendo y edificándose en amor.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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