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Santo para el Señor

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Restauración y renovación son palabras que deben marchar juntas en aquél que se vuelve a Dios.

El tiempo de la restauración estaba llegando, después de años de esclavitud en el extranjero un remanente judío volvería a reconstruir la arrasada ciudad de Jerusalén. Pero junto con la restauración era necesaria la renovación del corazón de estos, y ello es simbolizado en el hombre que era representante de todos ellos ante Dios, el sumo sacerdote Josué: Zac 3:3-4 DHHe (D) Josué, vestido con ropas muy sucias, permanecía de pie en presencia del ángel del Señor. (4) Entonces el ángel ordenó a sus ayudantes que quitaran a Josué aquellas ropas sucias, y luego le dijo: “Mira, esto significa que te he quitado tus pecados. ¡Ahora haré que te vistan de fiesta!”

Ya dijimos en un artículo anterior que Dios puede sacar tu vida de las ruinas del pecado y restaurarla a una vida plena, ahora agregamos que es indispensable también el que tal proceso sea acompañado con un cambio sincero de nuestro interior. Esperar la restauración de todo lo que el pecado destruyó en nuestras vidas pero no estar dispuesto a cambiar para vivir en obediencia a Dios, es engañarse a uno mismo.

1) ROPAS LIMPIAS
Dice la Biblia sobre esta visión: Zac 3:4-5 NVI Así que el ángel les dijo a los que estaban allí, dispuestos a servirle: «¡Quítenle las ropas sucias!» Y a Josué le dijo: «Como puedes ver, ya te he liberado de tu culpa, y ahora voy a vestirte con ropas espléndidas.» (5) Entonces dije yo: «¡Pónganle también un turbante limpio en la cabeza!» Y le pusieron en la cabeza un turbante limpio, y lo vistieron, mientras el ángel del SEÑOR permanecía de pie.

El cambio de vestiduras es símbolo del cambio que debe ocurrir en el interior del ser humano. El apóstol Pablo lo expresó así:
Efe 4:22-24 NVI Con respecto a la vida que antes llevaban, se les enseñó que debían quitarse el ropaje de la vieja naturaleza, la cual está corrompida por los deseos engañosos; (23) ser renovados en la actitud de su mente; (24) y ponerse el ropaje de la nueva naturaleza, creada a imagen de Dios, en verdadera justicia y santidad.

2) EL TURBANTE
Es tan importante esta transformación de nuestro corazón que se ve acentuada la idea con la imagen de aquél turbante limpio que era colocado sobre la cabeza de Josué. Hay algo que debemos saber de este turbante y es que llevaba una placa sobre el con una inscripción muy particular.
Éxo 39:30-31 NVI La placa sagrada se hizo de oro puro, y se grabó en ella, a manera de sello, Santo para el SEÑOR. (31) Luego se le ató un cordón de lana teñida de púrpura para sujetarla al turbante, como se lo mandó el SEÑOR a Moisés.

Una vez más, aquél turbante que se destaca en la descripción bíblica del cambio en las vestiduras de Josué (v.5), era un recordatorio de que habían sido apartados para Dios y que debían dedicarse por completo a Él. Ya no debían andar como el resto de las naciones sino que ahora se esperaba que caminaran en obediencia a Aquél para quien habían sido apartados.

CONCLUSIÓN
Dios estaba restaurando muchas cosas, inclusive el sacerdocio levítico. Pero más allá de ello, creo que podemos ver en Josué, que como sumo sacerdote representaba al pueblo, el llamado de Dios a una transformación del corazón en todo creyente.

Es fácil para muchos en su desesperación volverse a Dios en la búsqueda de la ayuda para salir de las ruinas de una vida de pecado, y está bien que lo hagamos, pero no olvidemos que junto con ese proceso de restauración es necesaria la renovación de nuestro interior a la obediencia a Dios.

Jua 8:10-11 RV1960 (T) Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? (11) Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.

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