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No serás victima de daño por obedecer a Dios

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En la obediencia a Dios nunca seremos perjudicados.

 La orden era apremiante: ¡Vete a vivir a otro lado! Y ella dejó todo y se fue, pero en el obedecer no se vio para nada perjudicada: 2Re 8:6 RV1960 (T)  Y preguntando el rey a la mujer, ella se lo contó. Entonces el rey ordenó a un oficial, al cual dijo: Hazle devolver todas las cosas que eran suyas, y todos los frutos de sus tierras desde el día que dejó el país hasta ahora.

 Dar el paso de obediencia al mandato divino es una expresión de confianza, de confianza en que aquello es lo mejor que podemos hacer. No siempre lo vemos así y ello se expresa en los "peros" que continuamente ponemos delante. Es el motivo de estas palabras el eliminar esos obstáculos de incredulidad para que puedas plenamente confiar en la superior sabiduría de Dios, y que de esa manera, te vaya bien.

 1) SIETE AÑOS DE HAMBRE

Todo comenzó así: 2Re 8:1-2 RV1960 (T)  Habló Eliseo a aquella mujer a cuyo hijo él había hecho vivir, diciendo: Levántate, vete tú y toda tu casa a vivir donde puedas; porque Jehová ha llamado el hambre, la cual vendrá sobre la tierra por siete años.  (2)  Entonces la mujer se levantó, e hizo como el varón de Dios le dijo; y se fue ella con su familia, y vivió en tierra de los filisteos siete años.

 Dos cosas podían haberse transformado en "pero" en la boca de aquella mujer: a) aquella calamidad anunciada aún no había llegado. b) era mucho lo que ella tenía que dejar. (2Reyes 4:8).

 Aún así obedeció, salvó su vida aunque perdió todo lo que era suyo, ¿o tal vez no?

 2Re 8:3-6 RV1960 (T)  Y cuando habían pasado los siete años, la mujer volvió de la tierra de los filisteos; después salió para implorar al rey por su casa y por sus tierras.  (4)  Y había el rey hablado con Giezi, criado del varón de Dios, diciéndole: Te ruego que me cuentes todas las maravillas que ha hecho Eliseo.  (5)  Y mientras él estaba contando al rey cómo había hecho vivir a un muerto, he aquí que la mujer, a cuyo hijo él había hecho vivir, vino para implorar al rey por su casa y por sus tierras. Entonces dijo Giezi: Rey señor mío, esta es la mujer, y este es su hijo, al cual Eliseo hizo vivir.  (6)  Y preguntando el rey a la mujer, ella se lo contó. Entonces el rey ordenó a un oficial, al cual dijo: Hazle devolver todas las cosas que eran suyas, y todos los frutos de sus tierras desde el día que dejó el país hasta ahora.

 Algunos dirán que fue una gran casualidad, yo digo que fue el gran favor de Dios por una mujer que estuvo dispuesta a obedecer aún por encima de cualquier sombra de incredulidad.

 CONCLUSIÓN

La obediencia a Dios nos lleva muchas veces por caminos que, en lo natural, no parecen los más indicados para transitar. Pero una vez que lo hemos hecho, tarde o temprano terminaremos por reconocer que realmente aquello era lo mejor que podíamos hacer.

 En cualquier área de tu vida, la próxima vez que la Palabra te desafíe, no pongas reparos en aceptarlo. Esfuérzate por ser obediente porque en ello para nada te verás perjudicado.

 Pro 3:1-2 NVI Hijo mío, no te olvides de mis enseñanzas; más bien, guarda en tu corazón mis mandamientos.  (2)  Porque prolongarán tu vida muchos años y te traerán prosperidad.

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