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Líderes que edifican

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Ser levantado con autoridad sobre la Iglesia, ¡qué privilegio! Pero también que responsabilidad.

 ¿Qué me llamó la atención en estas palabras? El que por dos veces repitiera la misma expresión, y eso no es casualidad. 2Co 13:10 RV1960 (T)  Por esto os escribo estando ausente, para no usar de severidad cuando esté presente, conforme a la autoridad que el Señor me ha dado para edificación, y no para destrucción.

 Dos veces en la misma carta Pablo hace alusión a la autoridad que le había sido dada y para qué. Muchos son los que Dios levanta con autoridad sobre su Iglesia y pienso que tampoco estos deberían descuidar lo que el apóstol le dijo a aquellos.

 1) EL PROBLEMA DE LA AUTORIDAD

No tendríamos que estar hablando sobre esto si es que el ejercicio de la autoridad por parte de algunos no estuviera tan lejos del propósito para el que fue pensada.

 1.1) Autoridad delegada

Lo primero que debemos decir es que, si tenemos alguna forma de autoridad sobre la Iglesia es simplemente porque a Dios así le ha placido hacer.

 1Co 4:7 PDT  ¿Quién ha dicho que tú eres mejor que los demás? Todo lo que tienes, Dios te lo ha dado. Entonces, ¿por qué presumes como si lo hubieras conseguido tú mismo?

 Y  aplicando a si mismo este concepto dijo: 1Co 15:9-10 BL95  Porque yo soy el último de los apóstoles y ni siquiera merezco ser llamado apóstol, pues perseguí a la Iglesia de Dios.  (10)  Sin embargo, por la gracia de Dios soy lo que soy y el favor que me hizo no fue en vano; he trabajado más que todos ellos, aunque no yo, sino la gracia de Dios que está conmigo.

 Si hoy tienes autoridad sobre la Iglesia de Cristo es porque Él te la dado, y mejor sería que no te olvidaras de ello.

 1.2) Autoridad delegada con un propósito

¿Qué significa tener autoridad sobre la Iglesia? ¿Cuál es el fin de ella? Y entendiendo el punto anterior, entonces es lógico buscar la respuesta en el divino dador.

 Pablo dijo y reiteró que: 2Co 10:8 NVI  No me avergonzaré de jactarme de nuestra autoridad más de la cuenta, autoridad que el Señor nos ha dado para la edificación y no para la destrucción de ustedes.

 "...para edificación y no para vuestra destrucciónGriego, “para levantar (como edificio), no para derribar”... Aunque “echamos abajo razonamientos”, esto no es para destruir sino realmente para levantar (“edificar”), quitando aquellas cosas que son estorbos a la edificación, poniendo a prueba lo que es malsano, y uniendo en el edificio todo lo que es verdadero [Crisóstomo]" Comentario Jamieson-Fausset-Brown, 2Cor.10:8

 Entonces, la respuesta es: recibimos autoridad de parte de Dios para EDIFICAR, y no para DESTRUIR, el cuerpo de Cristo.

 En cuanto a esto último debemos saber que, quien edifica a la Iglesia es Cristo (Mat 16:18 RV1960 (T)  Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.) Por lo cual, quien reciba autoridad para edificar la Iglesia, debe esforzarse en una sola cosa: que sea Cristo prevaleciendo en su corazón y en sus pensamientos.

 ¿De qué manera podemos traer destrucción sobre la Iglesia? Cuando nuestra autoridad la ejercemos bajo la influencia de nuestra propia razón, aún cuando ella pueda ser buena, pero alejada de la voluntad de Cristo.

 CONCLUSIÓN

¿Dios te ha levantado en autoridad sobre su Iglesia? Te felicito.

 Pero solamente esperaría que no te olvidaras de esto: esa autoridad, Cristo te la dió; y lo hizo para que edifiques a su Iglesia, lo cual harás si, más allá de estrategias, rindes todo tu corazón y toda tu mente a Él.

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