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La ley de la siembra

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Todos queremos participar de los "buenos frutos" de una vida con Cristo, pero lo harán los que sepan sembrar con la semilla correcta.

Dice la Biblia: 2Ti 2:1-6 RV1960 Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús. (2) Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros. (3) Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo. (4) Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado. (5) Y también el que lucha como atleta, no es coronado si no lucha legítimamente. (6) El labrador, para participar de los frutos, debe trabajar primero.

Pablo deseaba que su pupilo levantara como cosecha la aprobación de Aquél que lo había llamado al servicio. Sin embargo, para que eso suceda, Timoteo debía sembrar la semilla correcta a lo largo de su ministerio: esfuerzo, perseverancia, integridad, santidad, etcétera.

La ley de la siembra aplica, como al ministerio, a todas las áreas del ser humano. Cosechar buenos frutos en el matrimonio, en la familia, en el trabajo, en los estudios y en la economía, tiene que ver con la "semilla" que hemos sembrado. Tu futuro puede ser de éxito pero no olvide que antes hay un presente, y lo que haga en él determina lo que vendrá.

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