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La Iglesia, responsabilidad de todos

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Uno de los grandes desafíos para todo aquel que aspire a conocer la voluntad de Dios es el renovar los conceptos forjados en nuestra mente. Conceptos que no son fruto de la sabiduría divina sino de la experiencia humana, de la sabiduría carnal o aún de la sabiduría diabólica.

 

Estos se levantan como murallas que necesitan ser derribadas para que podamos comprender a cabalidad lo que significa ser partícipe de esta nueva naturaleza, la naturaleza divina.

 

Es por ello que Pablo dice lo siguiente:Rom 12:2 DHH  No vivan ya según los criterios del tiempo presente; al contrario, cambien su manera de pensar para que así cambie su manera de vivir y lleguen a conocer la voluntad de Dios, es decir,lo que es bueno, lo que le es grato, lo que es perfecto.

 

Este cambio en la manera de pensar, de juzgar, se aplica a todas las áreas del ser humano. Quiero destacar un concepto que es fruto de la sabiduría divina que bien haríamos en adoptar para asi ajustarnos a la voluntad buena, grata y perfecto de nuestro Dios.

 

Si preguntaramos que idea tiene cada uno acerca de la Iglesia nos daríamos cuenta que hay una gran variedad de pensamientos sobre ella.

 

Hoy quisiera especificamente hablar sobre el concepto bíblico acerca del crecimiento de la Iglesia y cual es nuestro papel en el.

 

Dice la Palabra: Eph 4:16 DHH  Y por Cristo el cuerpo entero se ajusta y se liga bien mediante la unión entre sí de todas sus partes; y cuando cada parte funciona bien, todo va creciendo y edificándose en amor.

 

Cuando hablamos del crecimiento de la Iglesia vienen a la mente estrategias, grupos especializados, talleres, congresos, personalidades, y un sin fin de otras ideas que son buenas y necesarias.Pero lo que normalmente no viene a la mente de la mayoría de los miembros de iglesias locales, que han reducido su relación con la iglesia a simplemente asistir, es que ellos tienen parte también importante e indispensable en el crecimiento, no solo numérico, de su congregación.

 

Pablo hablo de la Iglesia como un cuerpo y en él cada uno de sus miembros recibe de parte de Dios un don, una capacidad específica y muchas veces única en el ambito local que sume al buen funcionamiento general.

 

1Co 12:27-28 BLS  Cada uno de ustedes es parte de la iglesia, y todos juntos forman el cuerpo de Cristo.  (28)  En la iglesia, Dios le dio una función a cada una de las partes. ...

 

Imanginemos que nuestros riñones no quisieran trabajar, o nuestras cuerdas vocales a emitir los sonidos necesarios. ¿Qué sucedería si uno de nuestros oídos se negare a recibir las vibraciones para transformarlas en sonidos?

 

Cualquier parte de nuestro cuerpo que no quiera funcionar, por más pequeña que esta sea, afectará al funcionamiento general del mismo. Así sucede también con la Iglesia y esto es un concepto que debemos adoptar.

Todos y cada uno de los que forman parte de la Iglesia tiene parte en el buen funcionamiento del cuerpo y cuando estos se niegan a activar entonces es el crecimiento de la Iglesia el que se ve afectado.

 

¿Es responsabilidad única del pastor o de un grupo "elite" de hermanos el trabajar por la edificación del cuerpo de Cristo? No, todos y cada uno de los cristianos han sido capacitados para que en el buen funcionamiento de sus dones la Iglesia vaya creciendo.

 

Entonces el primer concepto que debemos cambiar en nuestra mente es que el crecimiento de la Iglesia tiene que ver conmigo también.

 

Salir de una posición cómoda y poco comprometida con la Iglesia es uno de los pasos que nos acercará a la buena y agradable voluntad de Dios.

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