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Disfrazados

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No "enmascare" las verdaderas intenciones

Dice la Biblia: Hch 16:16-21 RV1960 (T) (16) Aconteció que mientras íbamos a la oración, nos salió al encuentro una muchacha que tenía espíritu de adivinación, la cual daba gran ganancia a sus amos, adivinando. (17) Esta, siguiendo a Pablo y a nosotros, daba voces, diciendo: Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación. (18) Y esto lo hacía por muchos días; mas desagradando a Pablo, éste se volvió y dijo al espíritu: Te mando en el nombre de Jesucristo, que salgas de ella. Y salió en aquella misma hora. (19) Pero viendo sus amos que había salido la esperanza de su ganancia, prendieron a Pablo y a Silas, y los trajeron al foro, ante las autoridades; (20) y presentándolos a los magistrados, dijeron: Estos hombres, siendo judíos, alborotan nuestra ciudad, (21) y enseñan costumbres que no nos es lícito recibir ni hacer, pues somos romanos.

¿Cuál era la enseñanza que tanto los irritaba bajo el argumento de ser romanos? No lo dice en el relato de lo que estaba sucediendo en Filipos pero tal vez sea lo mismo que argumentaron en la ciudad siguiente, Tesalonica.

Hch 17:6-7 RV1960 (T) Pero no hallándolos, trajeron a Jasón y a algunos hermanos ante las autoridades de la ciudad, gritando: Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá; (7) a los cuales Jasón ha recibido; y todos éstos contravienen los decretos de César, diciendo que hay otro rey, Jesús.

Como romanos tenían derecho a expresar su objeción ante el mensaje del evangelio, pero esto es lo que debemos notar: su enojo no se debía a la enseñanza que desafiaba la autoridad, y autoproclamada divinidad, del Cesar. Su enojo estaba motivado por la codicia. Hch 16:19 DHHe (D) Pero los amos de la muchacha, viendo perdidas sus esperanzas de seguir ganando dinero con ella, cogieron a Pablo y a Silas y los llevaron ante las autoridades, a la plaza principal.

Como la calma de la superficie es opuesta a la violencia de las corrientes profundas en el mar, así el corazón del hombre, aunque aparenta equilibrio y buen juicio en su exterior, internamente es sacudido por corrientes violentas, y en este caso, de codicia.

Cuando salga a defender sus argumentos mire más allá de la superficie. Busque las fuerzas que lo están movilizando en el interior de su ser. Tal vez se sorprenda al reconocer que no es tan bueno, justo, y equilibrado, como usted cree.

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