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La disciplina del vencedor

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Los vencedores no nacen sino que se hacen.

 Dijo Pedro: 1Pe 4:7 VM  Pero el fin de todas las cosas se acerca; sed pues sobrios, y vigilantes en las oraciones:

 Los que llegando a la meta pueden reclamar la victoria no se descansaron en las virtudes innatas de su persona, sino que lucharon por formarse como los vencedores que son.

 1) DISCIPLINA

En artículos anteriores dijimos que la vida cristiana no es para cobardes sino para hombres y mujeres valientes. Valientes al luchar por mantenerse en un nuevo pensamiento: vivir los días que restan de acuerdo con la voluntad de Dios.

 Esta es la clase de creyentes que debemos ser, pero, y por eso este artículo, para alcanzarlo tenemos que formarnos para ello.

 1Pe 4:7 NT BAD  El fin del mundo se acerca; sean ustedes sobrios y velen en oración.

 La primera habla del dominio propio al que cada creyente debe someterse y la segunda a un estado de alerta y disposición a las prácticas de la piedad. De esta manera se forman los vencedores, por lo cual, el alcanzar la meta, no queda librado a la casualidad.

 1Co 9:25-27 TLA  Los que se preparan para competir en un deporte, dejan de hacer todo lo que pueda perjudicarlos. ¡Y lo hacen para ganarse un premio que no dura mucho! Nosotros, en cambio, lo hacemos para recibir un premio que dura para siempre.  (26)  Yo me esfuerzo por recibirlo. Así que no lucho sin un propósito.  (27)  Al contrario, vivo con mucha disciplina y trato de dominarme a mí mismo. Pues si anuncio a otros la buena noticia, no quiero que al final Dios me descalifique a mí.

 CONCLUSIÓN

Para los que se dicen ser cristianos pero no están dispuestos a sujetarse a las disciplinas espirituales, estos son sus peligros:

1Pe 5:8 PDT  Tengan dominio propio y manténganse alerta. Su enemigo el diablo anda por ahí como un león rugiente buscando a quién devorar.

 Y también dice el evangelio: Mat 26:41 PER  Velad y orad para no sucumbir en la prueba. El espíritu es decidido, pero la carne es débil.

 Sea el diablo, sean las circunstancias o sea nuestra propia naturaleza humana, al no estar preocupado en formarme para alcanzar la meta, me impedirán tomar aquello para lo cual he sido llamado en Cristo.

 Flp 3:12-14 BL95  No creo haber conseguido ya la meta ni me considero un "perfecto", sino que prosigo mi carrera hasta conquistarlo, puesto que ya he sido conquistado por Cristo.  (13)  No, hermanos, yo no me creo todavía calificado, pero para mí ahora sólo vale lo que está adelante; y olvidando lo que dejé atrás,  (14)  corro hacia la meta, con los ojos puestos en el premio de la vocación celestial, quiero decir, de la llamada de Dios en Cristo Jesús.

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