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La disciplina en el hogar

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Hay una forma adecuada de aplicar la disciplina.

Dice la Biblia: Heb 12:5-11 RV1960 (...)Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor,Ni desmayes cuando eres reprendido por él; (6) Porque el Señor al que ama, disciplina,Y azota a todo el que recibe por hijo. (...) (11) Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitado.

Es parte de la paternidad poner límites en el hogar y hacerlos respetar, pero dos cosas deberíamos imitar de Dios:

a) la disciplina debe venir del amor, no de la bronca. No todo momento es propicio, y menos cuando el amor no es el sentimiento que prevalece. Saber esperar es una gran virtud porque la disciplina que no fluye del amor destruye.

b) la disciplina debe buscar un objetivo positivo en el disciplinado. Corregir a alguien sólo para satisfacer mi deseo de humillarlo o para aliviar mi carga de frustración es un objetivo egoísta que no está alineado con lo que dijimos antes. La disciplina debe buscar un objetivo positivo en quien se le aplica, aunque en lo inmediato sea motivo de tristeza.

En el ejercicio de la paternidad, el uso de la disciplina no es opcional. Pero el consejo es que, al hacerlo, imitemos a Dios.

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