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Del desprestigio a la honra

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Estar sujeto a cualquier fuerza superior a nuestra voluntad, que nos lleva a hacer lo que no queremos, denigra nuestra condición. La única solución a esto es Jesús.

 Era un hombre como cualquier otro, tenía su hogar y un futuro, hasta que quedó esclavo de una fuerza superior a él: Luc 8:27-28 TLA  Cuando Jesús bajó de la barca, le salió al encuentro un hombre de ese lugar, que tenía muchos demonios. Ese hombre no vivía en una casa, sino en el cementerio, y hacía ya mucho tiempo que andaba desnudo.  (28)  (28-29) Como los demonios lo atacaban muchas veces, la gente le ponía cadenas en las manos y en los pies, y lo mantenía vigilado. Pero él rompía las cadenas, y los demonios lo hacían huir a lugares solitarios...

 Para él eran demonios pero también hay muchas otras que son superiores a nuestra voluntad, y que ennegrecen nuestro presente y futuro. ¿Cómo salir de esta situación denigrante de la condición humana? A través de la fe en Jesús.

 1) VOLVIENDOSE EL PANORAMA DE COLOR NEGRO

Estos pensamientos vinieron al meditar en la condición de un hombre, de casi cincuenta años, que teniendo familia, un hogar y una profesión, se encuentra en condición de calle, sucio, robando para vivir, alejado de sus seres queridos y expuesto al menosprecio de la sociedad.

 ¿Qué le pasó para caer en esta situación? Es un adicto a las drogas y el alcohol.

 No era así su vida, pero en eso se ha convertido por encontrarse "esclavo" de una fuerza que no puede resistir.

 Meditando en esto entendí cuán bajo puede llegar a caer el ser humano en su condición cuando es dominado de esta manera. Sean demonios, sean vicios, sea la lujuria o la avaricia, sea la violencia o el rencor, hay fuerzas que si les permitimos dominarnos de seguro harán que nuestros caminos se vean cada vez más oscuros.

 ¿Qué noté en este caso como en el gadareno? Que la denigración es en varias áreas: personal, familiar y social.

 A diferencia de lo que el "esclavo" cree, no podrá contener los efectos negativos de su esclavitud, y tampoco los podrá restringir a su intimidad, tarde o temprano las cosas se empezarán a complicar también con su familia y sin dudas, con la sociedad que le rodea.

 2) JESÚS ES LA SOLUCIÓN

El endemoniado gadareno así estaba, alejado de su hogar, denigrado totalmente como persona y alejado de la sociedad. Su futuro era incierto, hasta que se encontró con Jesús.

 Luc 8:35-39 PDT  La gente salió a ver lo que había pasado. Encontraron al hombre del que habían salido los demonios sentado ahora a los pies de Jesús. Estaba vestido y en su sano juicio. La gente estaba asustada.  (36)  Los que vieron lo ocurrido les contaron a los demás cómo había sido sanado el hombre que tenía demonios.  (37)  Entonces todos los de la región de Gerasa le pidieron a Jesús que se fuera porque estaban llenos de temor. Así que Jesús subió al bote para regresar a Galilea.  (38)  El hombre del que habían salido los demonios le rogaba que lo dejara ir con él, pero Jesús le dijo que se fuera:  (39)  -Regresa a tu casa y cuenta todo lo que Dios ha hecho por ti. De esa forma, el hombre se fue y le contó a todo el pueblo lo que Jesús había hecho por él.

 CONCLUSIÓN

Jesús dijo sobre si mismo: Luc 4:18-21 PDT  "El Señor ha puesto su Espíritu en mí, porque me escogió para anunciar las buenas noticias a los pobres. Me envió a contarles a los prisioneros que serán liberados. A contarles a los ciegos que verán de nuevo, y a liberar a los oprimidos.  (19)  Me escogió para anunciar que este año el Señor mostrará su bondad".  (20)  Luego Jesús enrolló el libro, se lo devolvió al ayudante y se sentó. Los que estaban en la sinagoga le ponían mucha atención.  (21)  Entonces Jesús les dijo: -Lo que acabo de leerles se ha cumplido hoy.

 Jesús puede libertarte, Él puede restaurarte como individuo, restaurar las relaciones con tu familia, restaurarte en las relaciones con los demás.

 ¿Qué es lo que debes hacer? Tan solo creer en Él.

 Rom 7:22-23 TLA  En lo más profundo de mi corazón amo la ley de Dios.  (23)  (23-25) Pero también me sucede otra cosa: hay algo dentro de mí, que lucha contra lo que creo que es bueno. Trato de obedecer la ley de Dios, pero me siento como en una cárcel, donde lo único que puedo hacer es pecar. Sinceramente, deseo obedecer la ley de Dios, pero no puedo dejar de pecar porque mi cuerpo es débil para obedecerla. ¡Pobre de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo, que me hace pecar y me separa de Dios? ¡Le doy gracias a Dios, porque sé que Jesucristo me ha librado!

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